Sobre música y mujercitas preguntonas

@txus_1972

Confiada y desconfiada a partes iguales y en el momento equivocado. Un día tomé una decisión y aquí estoy. Hablo mucho y duermo poco.

Hace una semana @pixelillo me propuso escribir un post para este blog. No os podéis imaginar qué sorpresa… El caso es que yo pensaba que sería algo rápido y entonces la semana se complicó un poco y aquí me tenéis, buscando un momento para contaros lo que me gusta y lo que no de twitter, con el tiempo pegado al culo.

Me voy a saltar la parte en la que os cuento mi vida y voy a ir al grano con lo que me gusta.

  • La música:  tengo una lista en grooveshark de más de 600 canciones, todas ellas salidas de mi TL.  Reconozco que hay canciones que me horripilan (por dioxxxxx, ¿a quién le puede gustar El jardín prohibido?), pero hay otras que ya son parte de mi «herencia musical», por darle un nombre.  Si queréis recomendaciones musicales interesantes tenéis a @cavenobu y @bnjulio con sus grupos con nombres curiosos y a @littlehardcandy para los que queráis algo más rockero.  Hay más pero éstos son los primeros que me vienen a la cabeza.
  • Y si hablamos de series ya ni os cuento… Es un tema que no sigo, pero mi timeline está lleno de auténticos adictos como @Tololliteras, @barralet, @Motenai77 y, de nuevo… ¡¡@bnjulio!! (este chico sirve para todo, ¡¡hoygan!!)
  • El conocimiento y la colaboración: #yoconfieso que soy curiosa y preguntona y a través de twitter he aprendido miles de cosas.  Se ve que elijo muy bien a mis seguidos porque el 90% de las veces que alguien ha hecho un comentario que me ha llamado la atención y he decidido preguntar he obtenido respuestas y, cuando el tema daba para ello, he podido incluso tener algún pequeño debate.  Como a mí me gusta que la colaboración sea de ida y vuelta siempre intento ayudar a quien tiene alguna duda o inquietud sobre algo que yo conozco (es que si no, no tiene gracia).
  • Sobre lo que no me gusta, sólo una cosa: la impunidad que creen tener algunos a la hora de acosar o amenazar a otras personas.  No conozco los detalles de ningún caso (me parece poco delicado preguntar), pero me parece terrible que haya al menos una persona en mi timeline que haya tenido que proteger su cuenta por ese motivo.  Puedo entender que haya personas sin educación que insulten a otras, seguramente yo lo he hecho en un arranque de furia, pero llegar más allá escudándose en el anonimato me parece despreciable.

Y esto es todo lo que os puedo contar sin escribir mil palabras… Disculpad si suena cursi o si alguien lo ha dicho ya antes: no siempre se puede ser original 😉

¡¡Besos para todos!!

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Ayer me invitó a café un tipo de Alabama

@cosechadel66

Bienvenid@ a esta parte del Patio del Pájaro Azul. Más que seguirnos, prefiero que nos acompañemos.

Cosecha del 66

Esta frase, que a pocos os dirá nada especial, salvo si acaso algo de curiosidad, cambiaría completamente su “impacto” si pudiéramos ir hacia atrás en el tiempo, y la fuéramos poniendo en los labios de gente de otras épocas. Por ejemplo, en los de la mayoría de nuestro abuelos sonaría como algo muy especial, casi como si ahora viniera un tipo del espacio a pagarnos ese café. Alabama debía sonarles como a mí me suena Marte. Avanzando en ese viaje temporal, puede que a nuestros padres le fuera sonando un poco más, merced a alguna película donde John Wayne o similares pudieran pasear sus pinreles por aquel territorio, o incluso para los más rockeros y jóvenes, por la canción del 74 del grupo Lynyrd Skynyrd, Sweet home Alabama.

¿Y que compartirían tanto nuestros abuelos como nuestros padres al escuchar esa frase? Ambos grupos pensarían que el susodicho “invitador de Alabama” había entrado en un bar con nosotros y se había tirado el rollo abonando un cafelito. Sin embargo, si ahora os cuento a vosotros que el alabameño realizó la susodicha invitación a través de Twitter y que se trataba de algo completamente virtual, no os sorprenderá nada. Es algo que hacemos continuamente en las redes: ¿hace una birrita?, ¿os apetece café?, ¿venga, unas bravas? Y si por casualidad no sabes desde dónde se hace la invitación, puede que eches una mirada al Google Maps y veas hasta su casa, además de que es muy probable que en menos de media hora estés al tanto de las aficiones del otro, en base a investigar un poco en su facebook, twitter, flickr, linkedin o cualquier otra red social en la que seguramente tenga abierto un perfil.

Pero en ese viaje simulado que hemos hecho falta un eslabón. Entre la sorpresa de abuelos y padres y la indiferencia que puede provocar ahora, estoy yo. Y a mí me maravilla calladamente la existencia y funcionamiento de las redes sociales. Me sigue alucinando publicar un texto y que pueda ser leído inmediatamente en cualquier parte del mundo. Yo, que escribía versos en papel cuadriculado y los escondía en libros sin que nadie más los leyera. Yo, que ya me parecía un lujo tener un supletorio del teléfono en casa y que para hablar en privado me iba a la habitación de mis padres. Yo, que veía a los millonarios de las pelis con teléfono en el coche y no podía imaginar que algún día hasta prohibirían hablar al conducir, incluso a esos millonarios. Yo, que me he tragado colas delante de cabinas para llamar a mis padres y decirle que había llegado bien. Yo que he gastado pagas y pagas en Pong, Come-cocos, Marcianitos, Tetris y aquel juego de atletismo para el que robábamos tornillos grandes con los que machacar los botones y no nuestros dedos, en carreras de 100 metros que riéte tú de Carl Lewis. A mí me sigue pareciendo un milagro que un tipo de Alabama me invite a un café.

Viejuno, pensaréis. Inmigrante o emigrante digital, que entre que no me acuerdo y odio el término, no me sé cómo narices es, dirán otros. Tendréis razón. Pero quizás eso me de una cierta ventaja, al menos a mi entender. Que me importa más el tipo de Alabama que la manera o herramienta que utilizo para comunicarme con él. No me parece maravilloso el hecho por la distancia o la inmediatez, o no es lo principal. Me parece maravilloso porque antes no podía hacerlo. Porque ahora tengo la posibilidad de hacer lo que me gustaba de manera más eficiente, rápida, incluso divertida. Pero el valor principal no es que exista la herramienta, sino entender las posibilidades que me ofrece. Lo importante no es que pueda hacerlo, es que puedo hacerlo con una persona con la que, casi seguro, de otra manera no habría podido contactar. Y puede que a mitad de mi vida más o menos empezará a conocer Internet, y más tarde las redes sociales, los móviles, las tabletas y demás parafernalias. Pero el valor de una sonrisa, lo necesario de la educación y el respeto en el trato, lo agradable de una conversación, lo fantástico que es aprender, descubrir… eso no viene de las redes. Debería estar antes de ni siquiera acercarte a una tecla, un ratón, o una pantalla.

Como se diría en ciertos dibujos, esto es to, to, to, todo amigos. Me voy a buscar en Google una receta apañadita de tortilla de patatas para traducírsela a un tipo de Alabama que ha sido tan amable de invitarme a un café.

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Los gurús no tienen la última palabra

@pixelillo

Soy geek, soy fotógrafo, soy informático, soy melómano, soy lo que tú quieras en 140 caracteres.

Diario de un píxel

He tenido que dar la cara por Twitter en muchas circustancias. Como todo el mundo sabe, para mí esa red social va mas allá de una serie de caracteres en un mensaje. He hecho grandes amistades y he hecho grandes cosas gracias a Twitter, por lo que mi cariño hacia él es más que considerable. Pero por desgracia no siempre es lo que yo quiero que sea. Es algo lógico, existe el pluralismo y hay veces en las que no puedo estar de acuerdo con lo que se dice en mi timeline. Pero hay algunas circustancias en las que me siento muy incómodo y curiosamente siempre se dan con la misma clase de usuarios.

En Twitter se tiende a sobredimensionar las cosas y tampoco es difícil crear noticias falsas. Hemos matado a Fidel, llevamos a Medina Azahara al FIB y muchas cosas más. ¿Qué pasa? Que algunos no nos creemos nunca lo sucedido hasta que realmente la noticia se confirma con hechos contrastados. No hablaré de prensa puesto que ésta tampoco es fiable al 100%. En este país se habla sin saber, no es ningún misterio, y Twitter no es una excepción. Ahora os preguntaréis, ¿por qué este rollo? Os lo explico.

El viernes a la noche, más bien de madrugada, entré a Twitter para ver lo qué se cocía en él. El típico borracho, los típicos tweets de noticias, la típica sextuitera… y de repente, un aluvión de tweets sobre un incidente en la Plaza de España de Madrid. ¿Qué había ocurrido? Indagué pero no encontraba respuesta. Sólo vi fotos y más fotos (bueno, las mismas 3 ó 4 fotos repetidas) de un gran número de coches patrulla. Entonces empecé a buscar más y más tweets sobre el tema. Empecé a recibir retweets de los llamados gurús, la mayoría blogueros o expertos en temas tecnológicos. Hablaban sin tapujos de cómo la policia había parado una manifestación sin miramientos, con incluso tiros (!!!) y, bueno, más datos polémicos. Me resultaba raro, muy raro todo aquello. Para empezar, la Policía española lleva unos meses en el punto de mira de la sociedad por sucesos como los ocurridos en Valencia o la muerte del aficionado bilbaíno. Por eso, lo de los tiros (así, sin más, tiros, sin concretar más sobre si eran pelotas o munición reglamentaria) me resultaba poco creíble. Luego el emisor tampoco resultaba alguien en quien confiar. Sí, puede que aquellos tweets estuvieran escritos por personas con más de 40.000 followers (algunos hasta 100.0oo), pero siendo honestos, quienes los escribían eran de todo menos periodistas. Mucho gurú tecnológico y tal, pero ni un solo gurú periodístico comentó aquello. Eso sí, los gurús llegaron a decir que era una salvajada policial y que habían destrozado la manifestación pacífica.

Pero entonces apareció @MrJoseAlvarez y, vaya, explicó lo sucedido. Había mucha gente haciendo cola para entrar a la inauguración de una discoteca, la gente se volvió loca, hubo empujones y acabó como el rosario de la aurora. Vamos, que de policía represora antimanifestaciones nada y, lo peor, que los gurús que me vendieron una noticia se tuvieron que retractar de sus palabras. Bueno, en realidad esto nunca ocurrió.

Entonces, ¿por qué esta gente con tanta voz dentro de esa red se lanzó a vender esa noticia? Probablemente porque sentían esa obligación de tener voz para todo, o que quisieron dar la noticia antes que nadie. Sin embargo, dieron un Medina Azahara al FIB sin buscarlo. Claro, si El País se cree que en Portugal ha habido un golpe de estado es un caso grave de falta de rigurosidad. Al fin y al cabo, un medio de comunicación nunca puede cometer ese error. Pero, ¿y un gurú? La mayoría tiene ciertas responsabilidades en internet, ya sea porque su blog (o blogs) tienen cierto peso en la red nacional, o porque sencillamente son un referente en Twitter. Muchas veces he dado la cara por Twitter, pero esta vez no, esta vez paso.

Esta bien opinar ya que todos tenemos una opinión y del debate o del dialecto nos enriquecemos (educativamente hablando, se entiende). También lo está el informar, pero con noticias contrastadas. Tener un blog no es o mismo que ser periodista, y Twitter no es AP, ni Reuters ni nada que se le parezca. Muchos pensaron con el ego, creyéndose ser los primeros en adelantar una noticia… y patinaron. Por eso, reflexionemos. ¿Tenemos que hablar de todo? ¿Debemos de ser menos ególatras y más serenos al decir según qué cosas? Que los periodistas hagan de eso, de periodistas. Los medios nunca fueron imparciales, pero los buenos periodistas sí. Twitter está lleno de ellos, así que dejemos que hagan su trabajo como ellos saben.

Y aún habrá que aguantar a más de un gurú dando lecciones de intrusismo en su sector.

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