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Ayer me invitó a café un tipo de Alabama

@cosechadel66

Bienvenid@ a esta parte del Patio del Pájaro Azul. Más que seguirnos, prefiero que nos acompañemos.

Cosecha del 66

Esta frase, que a pocos os dirá nada especial, salvo si acaso algo de curiosidad, cambiaría completamente su “impacto” si pudiéramos ir hacia atrás en el tiempo, y la fuéramos poniendo en los labios de gente de otras épocas. Por ejemplo, en los de la mayoría de nuestro abuelos sonaría como algo muy especial, casi como si ahora viniera un tipo del espacio a pagarnos ese café. Alabama debía sonarles como a mí me suena Marte. Avanzando en ese viaje temporal, puede que a nuestros padres le fuera sonando un poco más, merced a alguna película donde John Wayne o similares pudieran pasear sus pinreles por aquel territorio, o incluso para los más rockeros y jóvenes, por la canción del 74 del grupo Lynyrd Skynyrd, Sweet home Alabama.

¿Y que compartirían tanto nuestros abuelos como nuestros padres al escuchar esa frase? Ambos grupos pensarían que el susodicho “invitador de Alabama” había entrado en un bar con nosotros y se había tirado el rollo abonando un cafelito. Sin embargo, si ahora os cuento a vosotros que el alabameño realizó la susodicha invitación a través de Twitter y que se trataba de algo completamente virtual, no os sorprenderá nada. Es algo que hacemos continuamente en las redes: ¿hace una birrita?, ¿os apetece café?, ¿venga, unas bravas? Y si por casualidad no sabes desde dónde se hace la invitación, puede que eches una mirada al Google Maps y veas hasta su casa, además de que es muy probable que en menos de media hora estés al tanto de las aficiones del otro, en base a investigar un poco en su facebook, twitter, flickr, linkedin o cualquier otra red social en la que seguramente tenga abierto un perfil.

Pero en ese viaje simulado que hemos hecho falta un eslabón. Entre la sorpresa de abuelos y padres y la indiferencia que puede provocar ahora, estoy yo. Y a mí me maravilla calladamente la existencia y funcionamiento de las redes sociales. Me sigue alucinando publicar un texto y que pueda ser leído inmediatamente en cualquier parte del mundo. Yo, que escribía versos en papel cuadriculado y los escondía en libros sin que nadie más los leyera. Yo, que ya me parecía un lujo tener un supletorio del teléfono en casa y que para hablar en privado me iba a la habitación de mis padres. Yo, que veía a los millonarios de las pelis con teléfono en el coche y no podía imaginar que algún día hasta prohibirían hablar al conducir, incluso a esos millonarios. Yo, que me he tragado colas delante de cabinas para llamar a mis padres y decirle que había llegado bien. Yo que he gastado pagas y pagas en Pong, Come-cocos, Marcianitos, Tetris y aquel juego de atletismo para el que robábamos tornillos grandes con los que machacar los botones y no nuestros dedos, en carreras de 100 metros que riéte tú de Carl Lewis. A mí me sigue pareciendo un milagro que un tipo de Alabama me invite a un café.

Viejuno, pensaréis. Inmigrante o emigrante digital, que entre que no me acuerdo y odio el término, no me sé cómo narices es, dirán otros. Tendréis razón. Pero quizás eso me de una cierta ventaja, al menos a mi entender. Que me importa más el tipo de Alabama que la manera o herramienta que utilizo para comunicarme con él. No me parece maravilloso el hecho por la distancia o la inmediatez, o no es lo principal. Me parece maravilloso porque antes no podía hacerlo. Porque ahora tengo la posibilidad de hacer lo que me gustaba de manera más eficiente, rápida, incluso divertida. Pero el valor principal no es que exista la herramienta, sino entender las posibilidades que me ofrece. Lo importante no es que pueda hacerlo, es que puedo hacerlo con una persona con la que, casi seguro, de otra manera no habría podido contactar. Y puede que a mitad de mi vida más o menos empezará a conocer Internet, y más tarde las redes sociales, los móviles, las tabletas y demás parafernalias. Pero el valor de una sonrisa, lo necesario de la educación y el respeto en el trato, lo agradable de una conversación, lo fantástico que es aprender, descubrir… eso no viene de las redes. Debería estar antes de ni siquiera acercarte a una tecla, un ratón, o una pantalla.

Como se diría en ciertos dibujos, esto es to, to, to, todo amigos. Me voy a buscar en Google una receta apañadita de tortilla de patatas para traducírsela a un tipo de Alabama que ha sido tan amable de invitarme a un café.

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Nuestros grandes momentos en Twitter

@ComalcOOL

Hacemos Rock. Respiramos Rock. Y sufrimos el Rock. Solemos echarnos muchos cables, aunque sea al cuello del otro… Extendiendo nuestro veneno desde Vinaròs

ComalCool

¿Nuestra experiencia en Twitter? ¡Brutal! Y eso que llegamos casi por despiste. Aquello que te dicen de “…pues me han dicho que eso de Twitter va a funcionar muy bien…” y nosotros que somos unos catacaldos pues allí que nos fuimos. Al principio nos pasó como os ha pasado a todos (no lo neguéis, vosotros también os llevasteis un chasco al principio) que no sabes que demonios hacer una vez hecho tu perfil. Pero gracias a no seguir a los que un principio te recomienda Twitter, empezamos a seguir a gente muy rara, que decía cosas aún más raras y que escribían cosas detrás de una almohadilla. Menudo panorama. Era perfecto para nosotros. Un montón de gente rara en la que por fin nadie nos iba a señalar. Desde entonces, no hemos parado de conocer avatares a los que unos cuantos ya les hemos puesto cara y voz. Hemos conocido a gente con blogs brutales y con los que uno aprende mogollón. Gente con las mismas aficiones, gustos y carencias que nosotros. Y sobre todo gente que nos sigue porque les gusta la música que hacemos y lo demuestran sin tapujos. Y lo más brutal, haber colaborado con grandes twitteros a los que respetamos enormemente y con los que aún nos quedan muchas cervezas que compartir con ellos. En nuestros ensayos ya es una tradición comentar lo mejor del TL cada día, porque cada día nos pasa alguna cosa que nos hace estar enganchados a esta maldita red. Hemos tenido experiencias muy gratas y sorprendentes y seguro que aún nos quedan muchas más por tener. Twitter puede ser lo que tú quieras, pero a nosotros nos parece algo muy divertido y gratificante, gracias a haber conseguido un TL con el que la vida tiene otro punto de vista más parecido al nuestro. Otra cosa que tiene Twitter que nos encanta es que su limitación de texto te hace muchas veces agudizar el ingenio para hacer cuadrar un twitt o RT. Al menos nos hace pensar un rato. Twitter es como una cena de esas de antiguos alumnos, donde tu conversación sólo la oyen los cuatro que tienes alrededor, pero que sin querer te enteras de lo que dicen tres sitios más para allá. Gracias a Twitter podemos explicar nuestra historia y aprender de las historias de otros. Creemos que ese es el gran secreto de El patio del pájaro azul.

Nuestros “Grandes Momentos” en Twitter:

  • Hacer la canción de “El patio del pájaro azul” en colaboración con @cosechadel66 dedicada a Twitter. Una delicia de canción que mantenemos en nuestro repertorio.
  • Presentar en primicia a todo nuestro TL el estreno de nuestro disco “¿Para qué correr?” en el #trixtation de @domin4trix. Ese día fue emocionante.
  • Nuestro post “Es un detalle” se hizo con las fotos de twitteros que tienen nuestro disco y posaron para la posteridad. De ese álbum de fotos estamos más orgullosos que si fuera el de nuestra boda.
  • El post que @pixelillo hizo de nuestro disco. Se la enseñamos hasta a nuestras madres.
  • El día en que finalizaba el concurso de Red Bull. Todo el TL volcado para votarnos y poder pasar in extremis a la semifinal. Eso es algo que jamás olvidaremos.
  • El estreno de nuestro comic online “Más allá de las estrellas”. Nuestro webmaster dice que ese día casi bloqueamos el Google Analytics….
  • Y más recientemente el estreno de nuestra serie “Entre Rejas” con el que conseguimos hacer reír a mucha gente y que otras nos dejaran de seguir…
  • Pero hay algo más alucinante todavía: gracias a Twitter, ha habido personas que por conocernos y escucharnos en directo se han pegado viajes larguísimos. Sólo por eso ya vale la pena twittear.
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