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The posts are back in town

Muchas veces un blog se convierte en algo más que un simple lugar para recopilar palabras. En ocasiones, un blog acaba convirtiéndose en un amigo. Por desgracia, como toda buena amistad, tu blog y tú podéis pasar por altibajos. No es por algo que haya sucedido, tan solo es cuestión de falta de tiempo o ganas por ambas partes. Esto es lo que le ha ocurrido a este blog y a sus creadores con sus respectivos horarios.

Eso ocurre en todas las amistades, un alejamiento que suele preceder a otro encuentro. Y eso es lo que va a ocurrir. Hemos estado fuera durante unas semanas. Os podríamos decir que es por falta de tiempo, por necesidad de desconexión… mil y un excusas, que pueden ser reales pero que no servirían de nada. Lo único que valía es volver y en ello estamos. A lo largo de estos días OBST volverá a tener vida. Publicaremos artículos, cuestionarios y muchas más cosas. Poco a poco, eso sí, pero volverá a revivir.

Gracias a todos por interesaros por el blog durante este período. Gracias también a todas las personas que pese a este stand by nos habéis hecho llegar vuestro texto. Iremos subiéndolos poco a poco. Ya sólo nos toca recordar que este blog lo hacemos todos. Por ello, los artículos publicados los escribe quien desee colaborar con nuestro proyecto. Os invitamos a seguir contribuyendo con vuestras palabras. ¿Te apetece tener a este blog como amigo? 😉

 Equipo de OBST

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Cierra el pico

@mmetafetan

Filóloga y correctora con hijoputismo congénito. Probablemente tenga mucho que decir de lo que dices, sobre todo cómo lo dices
flavors.me/madametafetan

Comer pensamientos

Que a @blairdk le suspenda la cuenta un imbécil durante unas horas, a nadie le preocupa; ahora, si desaparece la cuenta de @albertpelias, Twitter se convierte en la cofradía Jedi y siente una gran turbación en la fuerza.

El viernes por la noche todo el mundo estaba consternado con semejante ausencia, todo el mundo lo comentaba y yo no sabía muy bien qué había ocurrido. De esto que, mientras estás buscando en el timeline qué es lo que ha ocurrido, lees esa frase tan de funeral que es “siempre se van los mejores”. ¡¡¡¿¿¿QUÉ???!!! ¡Vamos, anda ya! Lo que me faltaba por leer, justo cuando averigüé qué es lo que había ocurrido. Derrida se revolvería en su tumba ante este relativismo intelectualoide.

Todo porque se le ocurrió hacer una gracieta a lo @masaenfurecida metiéndose con los canarios, un montón de gente se sintió ofendida, pidió “disculpas” y desapareció. Unos decían que le habían suspendido la cuenta y otros decían que la había cerrado él después de todo lo ocurrido, apoyándose en que, cuando Twitter suspende una cuenta, eso es lo que dice la pantalla si entras en ese usuario.

¿Y yo qué pienso? En el caso de que sea lo primero, no será la primera vez que se pide la suspensión de una cuenta por hacer apología de los desórdenes alimenticios o porque unas cuantas petardas se dedican a acosar a una compañera de clase. ¿Cuántos “report spam” se necesitan para hacerlo? Ni idea, la verdad, y si así ha sido, todos sabemos lo caro que puede resultar a veces hacer un chiste en Twitter, debido a la ausencia de rasgos suprasegmentales (entonación, gestos) y al incipiente analfabetismo funcional que padecen unos pocos. Te arriesgas incluso a que una tontería entre amigos sea magnificada por otro imbécil, que además te conoce pero que ha decidido olvidar lo que sabe de ti.

¿Y si es lo segundo? Si no eres capaz de asumir tus palabras, no las digas. Sí, tras leer el pésame antes citado me puse en plan profético para evitar dar más bola al asunto, por lo menos en lo que a mí me tocaba, mencionando a dicho tuitero. Quizá decir que es un cobarde es exagerado, pero si reaccionas así porque un montón de gente se te ha echado a la yugular es que te falta algo: no voy a aventurar el qué. La ventaja del texto escrito sobre el hablado es que tienes un tiempo para planear lo que vas a decir, para planear el modo, ya que te faltan esos rasgos que le dan expresividad a lo dicho, y más en Twitter, que lo tienes que ajustar a 140 caracteres. En todo ese proceso, ¿no te da tiempo a pensar en las posibles reacciones que puede haber?

Y luego resulta que yo soy una trol. Sí, lo soy: digo muchas cosas para picar a la gente pero la provocación siempre es controlada. Siempre sabes dónde hace daño, sabes aproximadamente las reacciones que va a haber y si no te sientes capaz de asumirlas, te callas y punto. Sí, yo me muerdo la lengua infinidad de veces porque sé la bola de nieve que hubiera podido generar si hubiera dicho alguna cosa. Alguien pensará que entonces yo también soy una cobarde. Puede. Pero me da igual si vivo más tranquila y sin crearme problemas absurdamente.

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Los premios en Twitter son los amigos

@mmetafetan

Filóloga y correctora con hijoputismo congénito. Probablemente tenga mucho que decir de lo que dices, sobre todo cómo lo dices
flavors.me/madametafetan

Comer pensamientos

Twitter saca lo peor de mí: me puedo poner súpertrol, cuando en momentos de máxima falsedad la gente se adula en exceso y se pelotea, o me puedo poner bastante ñoña, cuando pienso en la cantidad de gente que he conocido gracias a él.

La cantidad no importa, la verdad: no puedo considerarles igual a todos ellos. Hay gente que me cae mejor en persona que en Twitter, gente con la que, de vez en cuando, no está mal tomarse un café o una caña, gente que profesionalmente te aporta bastante, gente con la te pegarías una buena juerga (lubricidades aparte), gente que, evidentemente, no soporto, ni en carne y hueso ni en 140 caracteres, y luego está el núcleo duro: ese pequeño grupo de personas que verdaderamente le dan sentido a tu timeline, esa gente que después de desvirtualizarla (o incluso sin haberlo hecho) puedes considerar tus amigos.

Ríes, lloras, discutes, tienes complicidades, confidencias, citas pendientes… Los verdaderos premios que tiene Twitter son los amigos que llegas a hacer a allí, dispuestos a echarte una mano cuando pides un retuit o que te mandan un dm para saber qué te ocurre porque llevas horas sin decir nada o porque han repasado lo que has tuiteado ese día y se quedan preocupados con alguno.

Como ayer tuitéé por inspiración de un tuitero que no quiere ser nombrado,”eres más falso que un bloguero en época de premios“. Y quien dice un bloguero dice un tuitero. En mi caso, sé que nunca me darán ningún premio como tuitera, y si lo hacen, es que algo he hecho mal y no me he metido lo suficiente con alguien. Sin embargo, en ocasiones me emociono cuando ciertas personas me proponen para ello, porque sé que lo dicen de corazón y se me salta la lagrimilla. Porque son ellos, son mis amigos, los que me ha dado Twitter, los que me dicen esas cosas. Es lo que tenemos los trols: nos mueven las pasiones ;).

Y no hay mayor problema: a mí Twitter me ha dado como premio a mis amigos y luego están a los que sus amigos les dan los premios de Twitter. Pero esa es otra historia.

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