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Followers: el “¿Quién la tiene más larga?” 2.0

@tonitmorro

Creativo digital y de nuevos medios. Comunicación Audiovisual con una sonrisa 😀 Capitaneo @larotoscopia @enmicastillo y @sdmiscelanea cuando me dejan…

Toni T. Morro

– Hola, me llamo Toni y tengo más de 1500 followers en Twitter…

– Hoooolaaaaa Tooooooniiiiiiiiiiii….

Así es como me he imaginado muchas veces una presentación en una sesión de networking de esas que nos mola tanto hacer a los usuarios de esta red social.

Y es que, en el fondo, una de las cosas que tiene Twitter es que nos ayuda a sentirnos queridos, comprendidos y amados por una cantidad inusitada de personas (de las cuales únicamente tenemos constancia mediante un número).

Esas personas son nuestros «followers»… dios, qué palabreja tan bonita: «followers»… Cada vez que la oigo me da un gustito tremendo…

A diferencia de otras redes, como Facebook o como (jeje) Tuenti, Twitter nos permite confeccionar un timeline a nuestro gusto. Eso quiere decir que podemos seguir a quién nos dé la gana, relacionarnos con quién nos apetezca y no tener que aceptar solicitudes de gente que no conoceremos en nuestra puñetera vida.

¿No es maravilloso?

Con esta premisa, no se tardó mucho en empezar a ver (y usar) el número de followers como un indicativo de la influencia que se tiene en esta red social.

La premisa es bien sencilla: cuantos más followers tengas, más guay eres. No hay vuelta de hoja.

Empezaron a proliferar cuentas que tenían números estratosféricos: mil, tres mil, cinco mil, diez mil… un número que representa para muchos la cantidad de personas que están pendientes de cada gilipollez que suelta esa cuenta y un número que empezó a darse cada vez más importancia.

Ahora, yo me pregunto: ¿realmente es TAN importante el número de followers que se tiene?

Obviamente, depende del uso que se le dé a esta herramienta. Hay mucha gente que utilizan Twitter para mandarse mensajes con sus amigos (función con la cual fue concebido, por cierto); otros lo utilizan para hacer contactos profesionales, promocionar sus creaciones, «crear» chistes o comentarios ingeniosos…

Existen muchos usos para Twitter, pero hay un punto clave que comparten todos ellos: cuanta más gente haya detrás, más uso se le dará.

Esto ha provocado que haya una especie de «obsesión» por este tema.

Lo primero que se suele preguntar a alguien que tiene cuenta en twitter suele ser su número de followers y lo peor es que, conforme ese número aumenta, la admiración por esa persona también parece aumentar hasta límites que superan lo jodidamente absurdo.

El ejemplo más directo que os podría dar es el de mi persona. Muchos de vosotros leeréis este post, veréis el número de followers que tengo y se darán dos escenarios complétamente diferentes:

  • Que tengáis menos followers que yo: leeréis el post hasta el final. Probáblemente compartiréis lo que he escrito y pensaréis que tengo razón en bastantes cosas.
  • Que tengáis más followers que yo: os ha atraído el título. Es posible que leáis hasta la mitad (siendo generosos) y cerraréis el navegador pensando que no tengo ni puta idea de lo que digo.

¿Y por qué sé esto? Muy fácil: yo mismo lo he hecho más de una vez.

Esto no deja de ser una pequeña reflexión, con unas gotas de mea culpa aderezado un poco con la mala leche que me provocan los humos que tienen algunos twitteros (auto)denominados «gurús».

Obviamente no quiero generalizar. En mi experiencia tratando con las llamadas «tuitstars», he conocido a gente maravillosa. Personas que ven en Twitter una herramienta para expresar lo que piensa, comunicarse con la gente y compartir.

En mi opinión, la clave de esta red social está en compartir.

Pero en la otra moneda los hay que ven por encima del hombro a los que tienen menos followers que ellos. Personas que se dedican a vomitar su opinión creyendo que a alguien más que a él le pueda interesar y que, a la mínima discrepancia, tachan al otro usuario con términos como «troll», «tocahuevos» o «no believer» (este último un día os contaré quién me lo soltó).

Y esto sin meter en medio a los mongo-repliers, que son para darlos de comer aparte.

Aquí entra en juego la personalidad de cada uno: los hay que necesitan ser superiores a su interlocutor, los hay que son abiertos al diálogo y los que no.

También los hay que se ofenden cuando les haces unfollow, los que siguen a todo dios para después dejar de seguir y quedar con «balance positivo».

Los hay que piden que les empiecen a seguir y los que dan las gracias cuando les siguen. Y los hay a los que este tema símplemente se la suda a gran escala.

Pero a los que no se la suda, a los que están pendientes de su número de followers todo el día, esa gente que mide el grado de credibilidad (o incluso de respeto) de la persona que tiene delante por la cifra de cuentas que le siguen en Twitter, a toda esta gente le quiero preguntar algo:

¿Habéis probado a preguntar por la calle si os conocen?

Más de un aspirante a famoso se sorprendería de la respuesta.

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Dos años de terapia

@devuelta

Valgo más que un potosí. CEO de @cineenserio, tarado con papeles, intentando sacar adelante a @blCOMUNICA, entre otras cosas… Si me sigues dime algo.

Estoy de vuelta

No me avergüenza reconocer que empecé a usar twitter de forma terapéutica hace ahora dos años. Fue un momento en que sufría una depresión debido a una enfermedad crónica que me habían diagnosticado y, básicamente, me obligaba a estar todo el día en casa sin poder salir. Delante del ordenador claro.

Siempre he sido lector de blogs. Pero de blogs, no de revistblogs. Blogs de gente que escribe sus cosas ya sean de tecnología, de cultura y de su propia vida. Ahí tenía una buena cantera para empezar a seguir a gente por la que ya me encontraba interesada. Ahora había que buscar un poco más, a ver a quién seguía. Al poco descubrí una cosa rara que estaba saliendo nueva que se llamaba Social Media y a unos seres llamados Gurús. Pues ahí que va uno y empieza a seguir a los que “dicen por ahí” son los más relevantes. Bien, ya sigo a unos 200 de los cuales me devuelven el follow 10.

Empiezo a conversar. Hago replies, recibo respuestas y no recibo respuestas. Empiezo a captar cómo funciona esto. Me devuelven follows. Voy siguiendo a más gente y poco a poco esto va tomando forma. De repente, me surge trabajar en esto raro del Social Media. Me pongo serio y empiezo a seguir a gurús, social media managers, community managers, ninjas y samurais para aprender. Y no veas lo mucho que aprendí. Una de las primeras cosas que capté rápido es que hay mucha tontería, mucho borreguismo y demasiado corporativismo mal entendido. Pero vamos, que no soy yo ningún gurú que pretenda sentar cátedra. Lo segundo, que no hay que tenerle miedo al unfollow, ni al tuyo ni al ajeno, que esto no es más que una cuestión de ensayo y error. No es nada personal.

Bueno, sí, es personal. Mi twitter es personal. Independiente del trabajo que desempeñe. Soy yo. Lo que veo, lo que pienso, lo que escucho, lo que leo, las fotos que hago y lo que me dé la gana. Mi objetivo era sacar para afuera lo que tenía dentro, que era muy malo. Al salir, por el camino he encontrado a mucha gente a los que ahora puedo considerar mis amigos. Algunos de ellos tienen 50 followers, otros más de 20.000 y aún queda mucho por descubrir. Quién te diga que ya conoces a todo el mundo te engaña. Hay mucha gente por ahí con 20 followers a los que merece la pena descubrir. Doy gracias a twitter por tropezarse en mi vida. A mí me ha ayudado. Eso sí, que nadie te diga cómo tienes que usar twitter

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El número de followers no nos importa

@Troskyloucha

1984-…

troskyloucha

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La palabra follower es terrible. ¡No me llames eso que no respondo! Llámame tuitera que lee tus tweets si quieres, lo que además puede ser para siempre, o sólo para un ratito.

La palabra follower tiene para algunos un significado demasiado profundo. Demasiado, insisto. A veces tanto como su amor propio y esto, es un peligro.

Cuando tuiteas sólo para agradar y ser followeado hasta el infinito y más allá, tuiteas dejando de ser tú mismo y no sé por qué intuyo que finalmente te sientes más solo que la una. Si eres una empresa, una institución o un político, cuyos objetivos son puramente comerciales (porque las instituciones y los políticos también se venden, sí, o peor, ¡te compran!), es propio de esta causa ser lo más agradable posible con cuanta más gente mejor. Si por el contrario eres un usuario más, ten a bien centrarte en qué quieres contar y no tanto en cuántos leerán tus historias o en qué quieren los demás que les cuentes. Tu Twitter personal eres tú y nunca tu número de followers. ¡Es que es una obviedad tal que me resulta absurdo hasta escribirlo! Porque vamos a ver… ¿tú qué quieres?, ¿tuitear con la gente o influir sobre ella? A esos que se pavonean de “mover peñita” con unos cuantos cientos de followers, yo les animo a construir un templo y predicar.

Me cuesta creerlo, pero ¿realmente hay gente que viva con la obsesión de crecer y crecer en seguidores? Me parece que incluso hay trucos para lograrlo… Perdonad mi desconocimiento al respecto, pero es que soy bruja novata. Y sí, creo que acabar preocupado por esto y por agradar a cuanta más gente mejor, no hace más que limitar nuestras posibilidades. ¿O es que en nuestro día a día también queremos caer bien a todo el mundo? El que lo intenta, al final se siente más solo que la una. Lo mismo pasa con la obsesión por el follow, que hace que al final no se tengan en cuenta las cosas verdaderamente importantes de Twitter como herramienta para llegar a montón (o no tan montón) de gente: contar historias que interesen, historias con las que obtener feedback o historias que simplemente arranquen una sonrisa en el timeline de alguien al otro lado de la pantallita. Y esto, se puede conseguir o no dependiendo del cariño y la gracia que le ponga cada uno. Y vale, a pesar de los trucos, yo opino humildemente que no hay una receta mágica para que a la gente le importe de verdad lo que escribimos.

Aquello de “pocos pero bien avenidos” o “el que mucho abarca poco aprieta” y gran cantidad de frases de abuela híper-recurrentes del mismo tipo, a veces se revuelven para dar a más de uno una buena bofetada. Yo no tengo dudas al respecto. Puedes conseguir cientos o incluso miles de followers, pero creo firmemente que si no hay una conexión especial con al menos uno a lo largo del tiempo, lo verdaderamente bueno y sorprendente de Twitter como herramienta social habrá desaparecido. Porque socializar en cifras está muy feo, queridos. Igual que aquello de “la medida del amor es amar sin medida”, yo creo, “tuitea sin vivir pendiente de con cuántos”.

Por suerte no conozco a nadie que viva con la presión de alcanzar un número determinado de followers (de nuevo pido disculpas por mi desconocimiento, pero ¿existe esto, en serio?). Si acaso lo hubiera, no podría sentir otra cosa sino lástima, porque si algo útil tiene Twitter es llegar a la gente y que ésta te devuelva un poquito de atención, sí, pero sinceramente no creo que sea alimentar un hambre de followers que, además, muy probablemente no acabe nunca.

Desde mi opinión personal os diré que el número de followers me importa una buena mierda. ¿Y a vosotros? Puede que lo mío no pueda ser de otra manera porque efectivamente soy muy joven en Twitter (apenas un añito cumplido en Junio), pero esto no es excusa para ir por ahí pensando o soñando con que cuando lleve 4-5 años mis seguidores habrán aumentado de forma considerable. Porque, en un twitter personal, ¿para qué sirven los números? En serio, ¿a quién le importa?

Yo solo digo: ¡dejaos de gilipolleces y tuitead!

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