Archivo de la etiqueta: amistad

The posts are back in town

Muchas veces un blog se convierte en algo más que un simple lugar para recopilar palabras. En ocasiones, un blog acaba convirtiéndose en un amigo. Por desgracia, como toda buena amistad, tu blog y tú podéis pasar por altibajos. No es por algo que haya sucedido, tan solo es cuestión de falta de tiempo o ganas por ambas partes. Esto es lo que le ha ocurrido a este blog y a sus creadores con sus respectivos horarios.

Eso ocurre en todas las amistades, un alejamiento que suele preceder a otro encuentro. Y eso es lo que va a ocurrir. Hemos estado fuera durante unas semanas. Os podríamos decir que es por falta de tiempo, por necesidad de desconexión… mil y un excusas, que pueden ser reales pero que no servirían de nada. Lo único que valía es volver y en ello estamos. A lo largo de estos días OBST volverá a tener vida. Publicaremos artículos, cuestionarios y muchas más cosas. Poco a poco, eso sí, pero volverá a revivir.

Gracias a todos por interesaros por el blog durante este período. Gracias también a todas las personas que pese a este stand by nos habéis hecho llegar vuestro texto. Iremos subiéndolos poco a poco. Ya sólo nos toca recordar que este blog lo hacemos todos. Por ello, los artículos publicados los escribe quien desee colaborar con nuestro proyecto. Os invitamos a seguir contribuyendo con vuestras palabras. ¿Te apetece tener a este blog como amigo? 😉

 Equipo de OBST

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Dos años de terapia

@devuelta

Valgo más que un potosí. CEO de @cineenserio, tarado con papeles, intentando sacar adelante a @blCOMUNICA, entre otras cosas… Si me sigues dime algo.

Estoy de vuelta

No me avergüenza reconocer que empecé a usar twitter de forma terapéutica hace ahora dos años. Fue un momento en que sufría una depresión debido a una enfermedad crónica que me habían diagnosticado y, básicamente, me obligaba a estar todo el día en casa sin poder salir. Delante del ordenador claro.

Siempre he sido lector de blogs. Pero de blogs, no de revistblogs. Blogs de gente que escribe sus cosas ya sean de tecnología, de cultura y de su propia vida. Ahí tenía una buena cantera para empezar a seguir a gente por la que ya me encontraba interesada. Ahora había que buscar un poco más, a ver a quién seguía. Al poco descubrí una cosa rara que estaba saliendo nueva que se llamaba Social Media y a unos seres llamados Gurús. Pues ahí que va uno y empieza a seguir a los que “dicen por ahí” son los más relevantes. Bien, ya sigo a unos 200 de los cuales me devuelven el follow 10.

Empiezo a conversar. Hago replies, recibo respuestas y no recibo respuestas. Empiezo a captar cómo funciona esto. Me devuelven follows. Voy siguiendo a más gente y poco a poco esto va tomando forma. De repente, me surge trabajar en esto raro del Social Media. Me pongo serio y empiezo a seguir a gurús, social media managers, community managers, ninjas y samurais para aprender. Y no veas lo mucho que aprendí. Una de las primeras cosas que capté rápido es que hay mucha tontería, mucho borreguismo y demasiado corporativismo mal entendido. Pero vamos, que no soy yo ningún gurú que pretenda sentar cátedra. Lo segundo, que no hay que tenerle miedo al unfollow, ni al tuyo ni al ajeno, que esto no es más que una cuestión de ensayo y error. No es nada personal.

Bueno, sí, es personal. Mi twitter es personal. Independiente del trabajo que desempeñe. Soy yo. Lo que veo, lo que pienso, lo que escucho, lo que leo, las fotos que hago y lo que me dé la gana. Mi objetivo era sacar para afuera lo que tenía dentro, que era muy malo. Al salir, por el camino he encontrado a mucha gente a los que ahora puedo considerar mis amigos. Algunos de ellos tienen 50 followers, otros más de 20.000 y aún queda mucho por descubrir. Quién te diga que ya conoces a todo el mundo te engaña. Hay mucha gente por ahí con 20 followers a los que merece la pena descubrir. Doy gracias a twitter por tropezarse en mi vida. A mí me ha ayudado. Eso sí, que nadie te diga cómo tienes que usar twitter

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Twitter es como la vida

@daviniasuarez

Adicta a las letras, al chocolate, a los abrazos, al mar, al azul, a soñar, a internet, a las sonrisas, a viajar, a los besos. Soy SM Strategist y periodista

Sinestesia

A estas alturas, reconozco que aún no sé qué es Twitter. No sé si es una red social, una plataforma de microblogging, un servicio de noticias en RSS -que sí, que también se da el caso-, una sala de espera para el psiquiátrico, una reunión de AIA -adictos a internet anónimos- o simplemente la mejor herramienta humana jamás creada para fomentar la procrastinación. Quizás un poco de todo, quizás un poco de nada.

Yo tengo claro que para mí Twitter no es un patio de vecinos, para empezar porque a veces digo cosas allí que jamás les diría a mis vecinos -por razones que prefiero guardarme- y segundo porque hay muchas personas allí con las que tengo mucha más confianza que con mis vecinos -sí, por mucho que lo he intentado en mi edificio es sumamente complicado pasar del hola y los buenos días-. También tengo muy claro que no es “eso dónde están los famosos” porque a estas alturas, después de más de dos años en el mundillo los únicos famosos a los que sigo son un par de periodistas -que ya me están cansando, todo hay que decirlo- y lo bueno de Twitter es que si no les sigues es como si no existieran. Así que yo ni noto su presencia más allá de algún trending topic.

Tener claro lo que no es, no significa tener claro lo que sí es, pero haré un esfuerzo. Alguien dijo una vez que Facebook era el lugar donde tenías a la gente que te ibas encontrando por la vida y Twitter el lugar donde tenías a las personas que te hubiese gustado encontrarte. Creo que esa es sin duda la mejor definición para mí. Twitter me ha dado la posibilidad de debatir, compartir, conversar, recomendar canciones, textos, obras de teatro, películas, reunirme, sacar proyectos adelante, difundirlo, cumplir sueños, planear viajes y colaborar personal y profesionalmente con tantas personas tan válidas y con tantas cosas en común conmigo que hubiese sido imposible cruzármelas en la vida de otra forma. O quizás no tan díficil, pero sí en tan corto espacio de tiempo.

De Twitter me llevo -y espero seguir llevándome- amigos que sé que estarán ahí el resto de mi vida -siga existiendo o no la plataforma-, me llevo personas auténticas, con las ideas claras, otras con un corazón que no les cabe en el pecho, personas que han hecho posible que yo esté aquí hoy escribiendo esto con una sonrisa en la cara, que han estado ahí en los malos momentos -y también en los buenos-, que me han apoyado, personas de las que me he enamorado -del todo, a ratos, a medias y también platónicamente- y con las que he compartido noches. Yo me llevo un millón de cosas aprendidas, conversaciones con “risas calladas”, minutos de odio compartido, reparte flyers, DMs picantes, románticos, cómicos, con rapapolvos y broncas, me llevo el gusanillo en el estómago de descubrir lo transparente que puedo llegar a ser a veces o lo perspicaz que es la gente ante tweets que aparentemente no dicen nada. Me quedo con esa facilidad con la que los tuiteros colaboran y ayudan en proyectos que antes habría sido imposible llevar a cabo para tenerlos terminados en minutos o en horas, a menudo sin ningún tipo de remuneración o beneficio. Me fascina ese preguntar algo, lo que sea, y que siempre haya alguien capaz de darte una respuesta válida y precisa, ese alguien a quién te hubiese costado muchas llamadas encontrar. Me llevo la preciosa experiencia de descubrir cómo gente que me cae bien por separado en la vida real, de repente, se encuentra en Twitter, por su cuenta, sin que yo los presente y se caen bien. Me parece que en el fondo esta red social está repleta de magia, una magia que cuesta entender -yo me pasé siete meses antes de entrar en serio-, pero engancha, y vaya si engancha.

Pero también me llevo una enseñanza: detrás de cada avatar hay una persona que ya era persona en el 1.0 y por ello, Twitter es como la vida. Hay de todo, los amables y los antipáticos, los prepotentes y los humildes, los generosos y los tacaños, los sinceros y los falsos, por eso, como en la vida, cada cual sabe a quién seguir, a quién no, de quién fiarse, de quién no. Pero de eso se trata también el arte de vivir, ¿no?

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